La importancia del bocadillo de calamares

Hay ciertas cosas en la vida que ineludiblemente van de la mano: el Yin y el Yang, Tintín y Milú, España y el mundial… bueno, quizás me haya pasado con este último, no vayamos adelantando acontecimientos. Lo que nadie puede negar es que una visita al rastro de Madrid exige que se complimente con un buen bocadillo de calamares en la Plaza Mayor.
No te equivoques, me encanta el rastro. Todo madrileño debería estar obligado a peregrinar a este “mercadillo” (sin afán de ofender) por lo menos una vez al año. Es un sitio donde se pueden encontrar cosas maravillosas y donde la gente con sindrome de diogenes puede por fin darle salida económica a su trastorno. Miles de personas acuden religiosamente cada domingo a esta concurrida zona de la latina, pero imagino que ni la mitad se llevará a casa algún bonito recuerdo de su aventura.
Sin embargo, la cantidad de personas que llegarán a casa con las patas cansadas, se tiren en el sofá y exclamen a pleno pulmón, “joer, que bueno estaba el bocadillo de calamares que me he zampado!” será más que notable. El rastro de cada domingo es una buena excusa para quedar con los amigos, socializar y disfrutar de una tarde relajada de cañas. Por mi parte, este fin de semana caera un buen bocata, con una coca-cola para que baje mejor.
No hay articulos relacionados.













